Historieta Nº 4. La edad de oro (1943-1962)...
08.02.2010 12:06:29
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Historieta Nº 4. La edad de oro (1943-1962)...

El Eternauta (1957); obra maestra de la historieta latinoamericana de origen argentino...

Debido a la guerra, se prohibió la importación de "comic books" estadounidenses en el Imperio británico, lo que permite un breve florecimiento de la producción autóctona en Canadá o Australia. Tras la guerra, la Historieta estadounidense se encuentra en su cénit, con unas ventas enormes y con un público compuesto por niños, adolescentes y adultos jóvenes, tanto masculinos como femeninos. Sin embargo, enseguida va a tropezar con graves limitaciones: de formato, para las tiras de prensa, y temáticas, para los comic books.

  • En la prensa, se impone la llamada daily strip (‘tira diaria’), que ocupa uno de los fragmentos horizontales de una página de contenido heterogéneo y puede ser, dependiendo del género, una narración completa o serial. También había publicaciones de página completa los domingos, aunque los autores eran diferentes. Esto impuso una limitación espacial a diálogos y acción, perjudicando a los cómics más realistas, como Johnny Hazzard (1944) de Frank Robbins y Rip Kirby (1946) de Alex Raymond; en los años venideros las tiras más importantes adoptarían predominantemente protagonistas orientados a la infancia, aunque con una fuerte carga intelectual, como Nancy (1938) de Ernie Bushmiller, Barnaby (1942) de Crockett Johnson, Pogo (1948) de Walt Kelly, B.C. y Peanuts (1950) de Charles Schulz, con su mundialmente famoso Snoopy.

Contra la Historieta...

Una campaña similar contra la Historieta se producirá un año después en Gran Bretaña, pero instigada en cambio por el educador George Pumphrey y el Partido Comunista y como defensa no sólo de la infancia, sino también de la cultura autóctona frente a la influencia estadounidense.[35] También a nivel mundial, se afianza la TV, un medio de entretenimiento de fácil consumo y aparentemente gratuito que acabará por robar gran parte de su público a la Radio, el Cine y al Cómic.

La expansión 

Sin embargo, estos son aún años de una gran expansión internacional para el medio, ya que las escuelas argentina, franco-belga y japonesa adquieren un gran desarrollo durante la postguerra, gracias a genios del calibre de Oesterheld, André Franquin y Osamu Tezuka, respectivamente.

  • Desde Manga Shonen (1947), que fue la primera revista infantil dedicada en exclusiva al manga, Osamu Tezuka, impuso su esquema de largas epopeyas y diversificó su producción en múltiples géneros, amén de combinar un mayor dinamismo con abundantes efectos sonoros. Con un grafismo muy diferente, nada disneyano, encontramos a autores como Machiko Hasegawa, creadora de la tira Sazae-san (1946-74), Kon Shimizu o Shigeru Sugiura.

Finalmente, se renueva en Estados Unidos el interés por los comic-book de superhéroes gracias a títulos como La Liga de la Justicia (1960), Los Cuatro Fantásticos (1961) o El Hombre Araña (1962), muchos de ellos creados por Stan Lee/Jack Kirby. La revista MAD (1952) también se convierte en un éxito, pero en general puede decirse que "el grueso de la producción norteamericana, para la segunda mitad de los años sesenta, ha bajado de nivel y se halla por debajo de la producción francesa o italiana".

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Recopilado por Rogelio Coto Alfaro de www.wikipedia.com

| EDITORIAL TEONANÁCATL |
Escritor: Pablo López
•07.02.2010
Pablo López

No soy blasfemo, amo la blasfemia. Soy blasfemia, una blasfemia pegada a otra.

Y blasfemia eres tú que ridiculizas a los dioses con tu existencia.

No los maldigo, no los miento en vano, simplemente están muertos; murieron cuando tus pechos se desarrollaron, cuando te hiciste mujer.

Cuando de tu coño manó la primera sangre sacrificaste a los dioses. Las vírgenes murieron entre alaridos de envidia cogiéndose con las manos crispadas sus coños inmaculados ante la blasfemia hecha cuerpo.

Tu cuerpo.

Puta Diosa que haces de mí un animal baboso y arrastrado.

Me cago en dios, me cago en todas y cada una de las deidades que han usurpado un lugar que no les pertenecía, que han evitado por todos los medios tu advenimiento durante tantas eras.

Me llaman blasfemo, degenerado. Dicen que mi cerebro es una papilla larvaria, pútrida.

¿Por qué? ¿Por qué deseo follarte? ¿Por qué tengo la firme creencia de que estoy enamorado y quiero joder tu coño divino y sagrado?

Envidiosos de mierda.

Que ellos amen al clavado en la cruz, que imaginen la felación de un buda eunuco gordo y repugnante. Que babeen ante el sexo inmaculado de las santas.

Yo te rindo misa y sacrificio ante un altar de satén negro y humo de tabaco. Yo te entrego mi pene endurecido y arrogante. Mi pene incrustado en tu cuerpo dios, mi pene en tu boca húmeda, mi pene en tus pechos, reptando el glande por tus pezones y dejando espesos rastros brillantes en ellos.

Yo te ofrezco la misa de mi polla, y me clavo en ti como aquel se clavó en la cruz.

Blasfemia... Yo te contaré mis blasfemias contra ti, por ti.

Esta es mi misa:

La hostia es mi pene penetrándote, embestidas desbocadas. El vino es la sangre que derramo clavándome las uñas al cerrar los puños deseándote. Mi confirmación es un semen abundante, blanco y espeso arrojado a tu entrepierna, a tu vientre, a tus labios.

Me cago en todos los dioses. ¡Qué cojones entiende nadie de blasfemia! Si no puedo pensar en otra cosa más que en ti. Te amo entre lágrimas de puro de deseo frustrado, me masturbo entre muerte y hambrientos. Te amo a pesar de la enfermedad que me pudre la sangre. Te amo como jamás podré amar a mi madre ni a mi padre.

Te jodo ante las miradas muertas de los agonizantes. Sólo pienso en ti y mi miembro está tan duro que mis manos no prestan ayuda a nadie; se aferran a esta carne dura y pulsante como única salvación. Mi polla es tu cruz, te clavaré a ella.

Por lo que más quieras, mi Diosa: abre tus piernas y que tu sagrado coño se me revele como la luz divina se reveló a apóstoles y mártires.

No quiero corderos ni palomas, no quiero tus manos alzadas rogando por mi salvación.

Quiero tu cuerpo entre mis brazos y tus manos en mi polla, en mi blasfema polla.

Te amo como ningún dios ni humano pudo ser amado jamás.

Con toda locura, con toda ponzoña.

Eres la Blasfemia hecha Mujer. La diosa que acabó con el Mal y con el Bien y ha esparcido el Deseo por toda la humanidad.

Bienaventurado sea tu coño.

Maldigo mi polla dolorosamente dura.

Como te amo, mi Diosa.

Mi Puta Diosa...

Iconoclasta

Escritor: Rogelio Coto
•05.02.2010
Rogelio Coto

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Ahora es silencio, lágrima y recuerdo

no necesariamente en ese orden...

 

 

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Escritor: Pablo López
•04.02.2010
Pablo López

Cabrón... Es inconfundible y majestuoso. Cuando aparece, ni siquiera la vida es capaz de ofrecer sus aromas, éstos se retiran para dar paso al ozono, su negra capa.

Desgraciado y majestuoso rayo... Cuando aparece eclipsa la vida. Literalmente tenemos que tragarlo nos guste o no.

Eso es poder.

No soy un rayo, no soy pura energía incontrolada que sin más metafísicas, sólo crea admiración y horror.

Impacta...

Se permite el lujo de quedar fijado en nuestras retinas de modo exclusivo, violando la libertad de no mirar. Le dedicamos unos segundos de total atención. Más de lo que le dedico a muchas personas. Si sumáramos ojos reflejando el rayo, el total es una larga vida.

Nadie se ríe del rayo y éste no se equivoca. Caiga donde caiga todos quedan prendidos de su majestuoso trazo y lanzan un prolongado asombro. Se contiene la respiración ante el voltaico poder cuando rompe la noche o hace oscuro el día.

Respiran aliviados de no haber sido carbonizados.

Lo quieren fotografiar, tener un recuerdo de esa ira planetaria, del desahogo de la atmósfera.

Las nubes son peligrosas cuando están de parto. Nos odian a todos por igual.

Es estúpido querer ser rayo, no tiene ningún sentido. Al rayo no se le puede achacar característica humana alguna, no vive lo suficiente para aprender. Es un aborto, una vida que estalla por algún error de cálculo.

Sin embargo, es el poder máximo, una fuerza devastadora, la gloria concentrada en trillones y trillones de electrones en unos segundos.

Y luego viene el trueno, el lamento de las que han visto a su hijo morir desintegrado buscando la tierra donde fijarse, sin poder formar materia orgánica. El grito de las madres-nubes que hace temblar paredes y suelos. Que provoca que los seres vivos cierren los ojos y deseen que se calle, que no grite tan cerca de ellos.

Cuando las parturientas gritan, enmudecen nuestro pensamiento. Callamos ante su dolor.

Debería haber estallado antes de ser escupido por el coño de mi madre, al menos habría sentido la gloria y el poder por unos segundos.

Estoy harto de la materia orgánica que soy, quisiera ser luz en lugar de reflejarla.

Más que temer al rayo, lo odio por su poder. Porque en sólo unas milésimas de segundo es capaz de desatar la energía que jamás podré desarrollar aunque viviera mil años.

Una mierda, si la vida durara mil años, me trago un saco de vidrio molido.

Una sonrisa ensangrentada y que me parta un rayo. Si miento, que me caiga uno ahora mismo.

Estoy confuso, no sé si sería mala suerte o un privilegio morir así.

Cada uno puede obsesionarse con lo que le apetezca mientras no moleste a nadie. Yo quiero molestar, me da igual que guste o no. Quiero molestar en la misma medida en la que soy molestado.

Es tal el poder del rayo, que parte el aire. ¿No habéis oído ese crujido, como si se rasgara hasta la vida cuando aparece? Y los vellos se erizan buscando unirse a él. Tiene carisma para lo poco que dura.

Quisiera follarla como el rayo jode a la tierra, arrastrarme por toda su piel para meterme en su raja. Iluminar su boca y su coño.

Soy brutal como el rayo, sólo que nadie me oye, nadie sabe que vivo.

Mi madre no lanzó un alarido espantoso cuando yo nací. No hubo un trueno, fui un rayo mudo, sin el pago de un dolor que le diera algo de peso a la vida.

Mi nacimiento no fue tan majestuoso como el de un rayo; un prólogo esclarecedor a una vida plana.

Cuando aquella corriente entró por mi pecho para dar un doloroso fogonazo de luz y claridad en mi cerebro, tuve conciencia de mi vida desde que los sesos empezaron a formarse en el útero.

El tiempo se detuvo en aquella cárcel tenebrosa y anegada de agua. Las voces acudían a mí como rumores y mis deseos de salir de allí se estrellaban contra un cuerpo no formado, una debilidad aterradora.

Los hombres no se acuerdan de su nacimiento, yo sí. El fogonazo que casi me fríe, iluminó mi cerebro antes de tiempo. Y no puedo olvidar a la parturienta con su coño ensangrentado, sudando.

Si hubiera sido rayo no lo recordaría. Tantos años...

Perdí la infancia por una pequeña chispa eléctrica, un cable con el aislamiento dañado bajo la mesa de parto que alimentaba el monitor, entró en contacto con alguna parte del cuerpo del médico y cuando con sus manos me tomó la cabeza, sentí que un rayo me partía en dos y paraba mi corazón.

Recuerdo las dolorosas manos del médico oprimiendo mi pecho hasta temer que me lo partiera, el corazón presionado rítmicamente durante más de un minuto y por fin, de nuevo el aire entró fácil en mis pulmones aún sucios de líquido amniótico, el corazón volvía a latir caliente aún por la descarga, cansado los primeros segundos, luego firme y seguro. Pero una eternidad antes de que mi corazón comenzara a bombear, ya conocía mi origen y llevaba eternos minutos de conciencia.

Y todo perdió misterio ante aquel coño ensangrentado y el áspero roce de las manos cubiertas de látex del médico.

No lloré, no me dio la gana llorar, si ella no gritó, no le iba a dar ese gusto.

He de reconocer que tantos meses en su tripa, provocó cierto efecto de rechazo hacia mi madre. Es natural.

Soy un rayo frustrado.

Mientras otros niños reían, yo recuerdo dolores, el cuerpo creciendo, la oscuridad, restos de conversaciones y palabras.

Mi cerebro se iba formando y mi imaginación con él, y lo imaginado era peor que lo real. Y lo real, decepcionante. Cuando nací, aquella la luz y el olor del mundo, eran prácticamente familiares para mí, salí de un lugar para entrar en otro que lo sensorial era una amplificación de lo conocido.

Recuerdo haber querido bostezar con aburrimiento cuando el médico dejó de aplastarme el pecho; pero me dormí, estaba reventado.

Los niños eran estúpidamente inocentes, hablaban de cigüeñas y cosas inexistentes; mi instinto me hacía callar la verdad de todo y camuflar mi pensamiento entre el de ellos. Fui discreto desde un primer momento, alguna ventaja tenía que tener tras todos esos años de vida de más con los que me obsequiaron al nacer.

Pero nadie de mi entorno consiguió sacar de mí una de esas muestras de cariño de la que hacen gala los pequeños.

Temieron que fuera autista, y el médico llegó a la conclusión de que era borde por naturaleza, aunque no se lo dijo así a mis padres.

Hubo una época en la que mi madre se sentía rechazada y tuve que variar un poco mi pauta de comportamiento, de vez en cuando la hacía creer que la quería y me acercaba a ella y le preguntaba cosas que ya sabía. A mi padre me limitaba a pedirle que me llevara en brazos y más adelante una bici. Ya más mayor, dinero y esas cosas que piden los adolescentes normales.

Estudié física y encontré trabajo en los laboratorios de investigación de una empresa de alta tecnología en la que desarrollaban materiales para medios de locomoción como barcos, coches y aviones; chasis de resistencia al impacto para electrónica de orientación y portátil. Nada interesante, porque a mí lo único que maravillaba y me daba motivos para lanzar alguna sonrisa, eran mis hermanos los rayos.

Y ahora en campo abierto, con un aguacero de tal magnitud que evoca la etapa de mi vida que pasé inmerso en aquel líquido, disfruto de cada rayo que las nubes dan a luz. Siento el estremecimiento íntimo del trueno haciendo vibrar el líquido que forma mi cuerpo.

Y le hablo al rayo durante el poco tiempo que vive, le saludo con cariño:

-Muere en paz, hermano. Quema la tierra como yo no pude hacerlo.

Mi madre yace entre la hierba de alfalfa cortada esta mañana, un césped natural que cubre un suelo desigual y lleno de piedras.

He clavado una pica de metal entre sus piernas al que he conectado un cable, algo parecido al electrodo que le metieron en el coño y que me estuvo tocando la cabeza irritándome durante el parto.

Y ese cable se pierde entre su velluda vagina. No grita porque está amordazada, no se mueve porque la he sujetado al suelo con cuerdas a clavos de fijar tiendas de campaña.

Los traumas que padeces en la infancia suelen derivar en obsesiones patológicas y yo quiero que un rayo se meta por su coño, saber si mi hermano se podrá aferrar a la vida y desarrollarse como yo. Quiero tener a alguien con quien hablar, a alguien con quien contemplar las tormentas y saludar a nuestros hermanos que viven-mueren en un parpadeo.

Un crujido que parece partir el mundo y me siento volar. Ahora todo es blanco, siento caliente mi cuerpo y sale humo de entre mi ropa. El trueno resuena aún en mis oídos y no sé bien donde estoy, dónde se encuentra mi madre.

Me sereno, y espero que mi ritmo cardíaco se normalice, mientras el eco del trueno aún retumba en mi cabeza y mi visión está colmada de un fulgor blanco. Aspiro puro ozono y me siento eufórico.

Huele a carne quemada, localizo a mi madre por el humo. Parece un tizón, no hay nada reconocible de cintura para abajo. No hay vida en esa carne quemada.

Soy físico y sabía que pasaría; pero a veces es bueno dejarse llevar por la imaginación.

Ni de tus propios hermanos puedes esperar algo de cooperación.

Entierro el asado de madre y vuelvo con cierta tristeza hacia mi todoterreno. Esperaré otra tormenta, a ver si hay más suerte. Por extraño que parezca, vivo con una mujer y quiere ser madre.

La dejaré preñada en la bañera, con el secador de pelo; está visto que los rayos son demasiado poderosos. Tan soberbios...

Y yo no.

Cabrones majestuosos...

Iconoclasta

Escritor: ADRIANA ULLOA M.
•01.02.2010
ADRIANA ULLOA M.

  
    
   Del agua de mi copa

Y de su fuego,

Te pude transferir

Con el anhelo puro

De mi afecto

Una parte de mí

Y de los sueños

Que han poblado mi vida

Y me hicieron feliz

O bendecida

Por la mano divina

Y sembradora…

 

Ahora,

Bajo siete llaves

Están mis sueños

 

 AUM-01-1-2010

Escritor: Rogelio Coto
•31.01.2010
Rogelio Coto

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A la manera de San Lucas
Capítulo 22, versículo 75…


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Aún con los ojos cerrados
y el gesto apretado pregunté
tres veces y me respondí otras tantas:

¿De qué color es la tristeza?
Transparente, pues está hecha
de las lágrimas no lloradas…

 

En la segunda, me mordí la lengua

y musité, con los nervios contraídos:


¿De qué color es la tristeza?
Del silencio que hay
entre vos y yo.

 

En la tercera, sentí

que se desgarraba el alma:


¿De qué color es la tristeza?
Del color de tu recuerdo…

En ese instante con los ojos cerrados

la busqué entre las cobijas aún tibias…

Entonces vino a mi mente:

«Antes de que la memoria llegue,
la negarás tres veces.»

 

 

....

 


 

 

 

Escritor: Rogelio Coto
•31.01.2010
Rogelio Coto


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Del silencio que hay entre vos y yo...

 

 

 

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Escritor: Pablo Jose Ocampo Salazar
•30.01.2010
Pablo Jose Ocampo Salazar

Perdió su fuerza,
Por eso la quise. Una fecha.
Solo eso.
Despierta ciego. Nada observa.

Solo un recuerdo en la noche
Follan sin parar.
Ambos quieren morir
Pero siguen follando.

Sollozos en un rincón.
Su trastornada conciencia
Pende de un hilo,
Piensa en suicidarse.

Una noche nada más.
Los grillos son tormentos
con lapsos, no se detienen.
Quema sus últimas cartas,
moja la cama al dormir.

Se maquilla y decora los ojos.
Folla de nuevo con una puta.
Su existencia es vacía
nadie comprende su razón.

Inteligencia. Días y noches
Cartas quemadas
Y el recuerdo de un viejo amor.
Esta noche, se suicidara.